INTRODUCION
esta autora uruguaya pertenecio al movimiento literario denominado MODERNISMO
BIOGRAFIA
Residencia de Juana de Ibarbourou en Melo, Uruguay. Funciona actualmente como museo.
Nació en 1892, aunque ella proclamaba haber nacido en 1895. Su nombre era Juana Fernández Morales, pero se hizo conocida como Juana de Ibarbourou, tomando el apellido de su marido, el capitán Lucas Ibarbourou, con quien se casó a los veinte años. Su padre, Vicente Fernández, español de Galicia, nació en Lorenzana (provincia de Lugo), cuya biblioteca municipal lleva el nombre de la poetisa—. Su madre, Valentina Morales, pertenecía a una de las familias españolas más antiguas del Uruguay. Vivió hasta los 18 años en Melo. Sobre su niñez y sus vivencias allí escribió:
Bautizada, entonces, como Juana Fernández Morales — en cuya ceremonia fuera su padrino Aparicio Saravia — adoptó como seudónimo literario — nombre ficticio utilizado para identificarse artísticamente — el de Juana de Ibarbourou. En realidad, ése era el apellido de su esposo, por lo cual su seudónimo surgió de su vínculo matrimonial.
Fue mi paraíso al que no he querido volver nunca más para no perderlo, pues no hay cielo que se recupere ni edén que se repita. Va conmigo, confortándome en las horas negras, tan frecuentes (...) Allí volará mi alma cuando me toque dormir el sueño más largo y pacificado que Dios me conceda a mí, la eterna insonme (...)
Su primera residencia en Montevideo estaba ubicada en un solar de la calle Asilo Nº50, que con los años pasaría a ser el Nº 3621, entre las calles Pernas y Comercio.3 Allí vivió entre 1918 y 1921, y escribió sus tres primeros libros (Las lenguas de diamante, El cántaro fresco y Raíz salvaje). Al comienzo su adaptación fue difícil porque rechazaba vivir en la ciudad. Con los años, sin embargo, terminó considerando a Montevideo como «su ciudad».1
En 1929 recibe el título de Juana de América. Juana lo describe así:
(...) un grupo de jóvenes poetas me organizó en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, una fiesta inolvidable. La presidía don Juan Zorrilla de San Martín.(...) Santiago Cozzolino, el orfebre, había cincelado el anillo de oro simbólico que me ofrecían los poetas. El ambiente era solemne, con la muchedumbre, los himnos, los delegados de toda América, y otro hombre de estatura física pequeña, pero también magnífico y grandioso: Alfonso Reyes.(...) Y a través de discursos hermosos en que la generosidad juvenil iluminaba las palabras, llegó el momento culminante, el de la entrega del anillo. El Dr. Zorrilla de San Martín fue el designado para ello y lo hizo con unas palabras breves y muy hermosas que me quedaron grabadas en el corazón:
- Este anillo, señora, significa sus desposorios con América.
El 3 de octubre de 1947 fue elegida para ocupar un sillón en la Academia Nacional de Letras.1 En 1950 fue designada para presidir la Sociedad Uruguaya de Escritores. Cinco años más tarde fue premiada en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid por su obra. En 1959 se le concedió el Gran Premio Nacional de Literatura, otorgado ese año por primera vez.
Al morir fue velada en el mismo Salón de los Pasos Perdidos en que fue nombrada «Juana de América». El gobierno dispuso un día de duelo nacional y fue enterrada con honores de Ministro de Estado, siendo la primera mujer en la historia de Uruguay a la que se le otorgó tal distinción.1 Desde muy joven empezó a publicar los primeros poemas bajo el seudónimo de Juanita de Ybar, los cuales fueron
compilados en su primer libro, «Lenguas de Diamante», obra que la lanzó a la más resonante fama.
Su estilo inicial fue apasionado y sensual dentro de la órbita modernista, vinculándose luego al vanguardismo.
Su verso, con el paso del tiempo, ganó serenidad y melancolía, haciéndola alcanzar el Premio Nacional de Literatura en el año de 1959.
Falleció en 1979. ©
compilados en su primer libro, «Lenguas de Diamante», obra que la lanzó a la más resonante fama.
Su estilo inicial fue apasionado y sensual dentro de la órbita modernista, vinculándose luego al vanguardismo.
Su verso, con el paso del tiempo, ganó serenidad y melancolía, haciéndola alcanzar el Premio Nacional de Literatura en el año de 1959.
Falleció en 1979. ©
Departamento de Cerro Largo. Su padre era vasco español
y de Su Madre perteneció una uña de las Familias Españolas Más Antiguas de Nuestro País. Su poesía ha Enriquecido la literatura de América marcándola Con Su Fuerte y delicada personería plena de amor.
Tal Vez Por El Público this Razón hispanohablante ha Leído Su
poesía DESDE Siempre Tanto Con Entusiasmo.
Su poesía conquistó tan rápidamente la Atención del Público en general, y de los entendidos, Que En El Año 1929, En el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, de las Naciones Unidas Grupo de Artistas y Diplomaticos de distintos countries encabezados Por El célebre Escritor Alfonso Reyes;. proclamó una Juana de Ibarbourou, Juana de América
Ofreció Importantes y Destacadas creaciones Para Los Niños de Su País de como he hijo: El Cántaro Fresco y Chico Carlos. En el año 1914, cuando contaba diecinueve años, contrajo matrimonio con el entonces Capitán del Ejército Lucas Ibarborou; quien en su carrera militar alcanzó el grado de Mayor.
Durante los siguientes cuatro años, siguiendo los destinos de servicio de su esposo, el matrimonio hubo de residir en diversas localidades del país. Hasta que, en el año 1918, se establecieron definitivamente en Montevideo, en una modesta vivienda situada en la calle Asilo, en el barrio de La Unión, posiblemente por razones de cercanía con la Unidad en que servía Ibarborou. Posteriormente, el matrimonio residió por varios años en una cómoda casa de dos plantas, situada en la calle Comercio, en el mismo barrio, cercana a la playa de El Buceo; por lo cual ha mencionado que escribía en una habitación desde la cual veía por la ventana las aguas del Río de la Plata. Por cierto que Juana de Ibarborou, ya viuda, vivió sus últimos años, solitaria y recluida, en una antigua residencia solariega situada en la Avda. 8 de Octubre frente a la calle Mariano Moreno, en los límites del mismo barrio de La Unión, lindera con el Hospital Central de las Fuerzas Armadas.
Según las crónicas, en su modesta vivienda de la calle Asilo, y pasando estrecheces económicas, compartió las labores hogareñas y el cuidado de su hijo todavía pequeño, con la elaboración artesanal, y venta, de flores artificiales; habilidad que había adquirido en el Colegio, (en época en que tales capacitaciones formaban parte de la enseñanza de las jóvenes). Habiendo comenzado a escribir poemas en su adolescencia, siguió cultivando esa afición; inspirada en lo cotidiano, para transformarlo en poesía.Surgida al ambiente literario con cercana posterioridad a Delmira Agustini, como otra de las escasas representantes de la poesía femenina americana (junto con Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y María Eugenia Vaz Ferreira); la obra inicial de Juana de Ibarborou se destacó inmediatamente por su tonalidad temática visiblemente amatoria; impregnada de una sensualidad erótica que, si actualmente puede considerarse apenas insinuada, en su momento resultaba indudablemente atrevida. Claramente originados en los sentimientos y experiencias de adolescente, sus primeros poemas contienen numerosas alusiones al medio campesino y propio de una pequeña ciudad del interior del país de principios del siglo XX.
Al año siguiente, 1920, publicó su segundo libro, “Cántaro fresco”, en el cual persiste la temática de una sensualidad siempre referida a la vida sencilla, hogareña y solariega, vinculada a la naturaleza en su expresión principalmente vegetal. Le siguió en 1922 “Raíz salvaje”, que es por muchos considerado el que trasunta de una manera más lograda la síntesis poética de su sensibilidad vital, en que los sentimientos del amor humano se fusionan con el sentir de la Naturaleza.
Su siguiente libro, “La rosa de los vientos” (1930), marca una importante evolución doble de su tonalidad poética; que por un lado se aparta de algunos componentes de tipo modernista, tales como la búsqueda de imágenes elaboradas y el empleo de expresiones dirigidas a conferir sonoridad al recitativo, al tiempo que emplea formas de versificación más libres respecto de los moldes tradicionales, de lo que había aplicado en su producción anterior.
Asimismo, su temática se alejó del naturalismo asociado a la sensualidad vital, para orientarse hacia expresiones subjetivas referidas al avanzar de la vida y su transcurso hacia la muerte. Evolución en la cual se ha señalado una correlación entre la vitalidad y el naturalismo juvenil, y la conciencia de las responsabilidades y los destinos, propia de la madurez. Acaso, el empleo de un lenguaje que se evidencia como mucho más elaborado, que se aleja bastante de su sencillez y cotidianeidad inicial, pudo ser consecuencia de haberse visto inserta en la corriente de la fama literaria, y consiguientemente comprometida a asumir sus elaboraciones conceptuales, separándose de la espontaneidad e intimidad de sus orígenes poéticos.
Incorporada rapidamente al “Parnaso”, aceptada por cooptación como miembro pleno en la institucionalidad literaria, Juana de Ibarborou cosechó de manera generosa — por cierto que merecidamente, en su caso — los elogios con que los capitostes de la cultura se disciernen en reciprocidad el estrellato de su género, salvaguardando con ello su propia autoridad intelectual.
El 10 de agosto de 1929, en el Salón de los Pasos Perdidos del recientemente inaugurado Palacio Legislativo de Montevideo, Juana de Ibarborou fue proclamada “Juana de América”; en un acto multitudinario en que tuvieron participación protagónica el escritor mejicano Alfonso Reyes y el poeta uruguayo Juan Zorrilla de San Martín.
Sin embargo, Juana de Ibarborou se encontró en buena medida sorprendida por su notoriedad literaria y su popularidad. “¿Qué hay de grande en mi poesía?” expresó al ser aclamada como Juana de América; dejando a salvo que no había buscado ni alentado ese homenaje. Su propia interpretación acerca de la realidad que a su propia persona le tocó vivir, está expuesta en su poema “Autorromance de Juanita Fernández”, escrito en 1955.
En definitiva, Juana de Ibarborou obtiene la admiración de sus lectores, a partir de un estilo que por encima de los recursos un tanto artificiosos propios del modernismo, expresa su sentir íntimo con la fresca espontaneidad de una muchacha simple, cuyo amor juvenil por la vida y la naturaleza se expone con alegría y con libertad, en un lenguaje que siempre resulta directamente accesible a todos. Los cambios operados en la tonalidad de su poesía a lo largo del tiempo, son reflejo de las mutaciones operadas en su propia vida emotiva, lo que legitima la continuidad de su obra.
Además de su numerosa producción poética, Juana de Ibarborou escribió también obras en prosa; en el extenso período comprendido entre 1930 y 1950, transcurridos entre la publicación de “La rosa de los vientos” y “Perdida”.
“El cántaro fresco”, aparecido en 1920, fue su primer libro de prosa; en el cual presenta cuadros breves en que la autora dialoga con objetos y seres menores de la naturaleza, empleando siempre un lenguaje familiar y de fácil comprensión.
Dos libros publicados en 1934, recogen la veta mística de Juana de Ibarborou, como católica practicante: “Loores de Nuestra Señora” en que expresa su devoción hacia la Virgen María, y “Estampas de la Biblia”.
“Chico Carlo”, aparecido en 1944, contiene evocaciones de sus años y lugares juveniles, en sus ambientes familiares, expresadas en narraciones breves. El mismo sentido evocativo tiene “Juan soldado”, de 1971; donde una narrativa de ambiente campesino le permite recrear personajes y ambientes de su época juvenil.
y de Su Madre perteneció una uña de las Familias Españolas Más Antiguas de Nuestro País. Su poesía ha Enriquecido la literatura de América marcándola Con Su Fuerte y delicada personería plena de amor.
Tal Vez Por El Público this Razón hispanohablante ha Leído Su
poesía DESDE Siempre Tanto Con Entusiasmo.
Su poesía conquistó tan rápidamente la Atención del Público en general, y de los entendidos, Que En El Año 1929, En el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, de las Naciones Unidas Grupo de Artistas y Diplomaticos de distintos countries encabezados Por El célebre Escritor Alfonso Reyes;. proclamó una Juana de Ibarbourou, Juana de América
Ofreció Importantes y Destacadas creaciones Para Los Niños de Su País de como he hijo: El Cántaro Fresco y Chico Carlos. En el año 1914, cuando contaba diecinueve años, contrajo matrimonio con el entonces Capitán del Ejército Lucas Ibarborou; quien en su carrera militar alcanzó el grado de Mayor.
Durante los siguientes cuatro años, siguiendo los destinos de servicio de su esposo, el matrimonio hubo de residir en diversas localidades del país. Hasta que, en el año 1918, se establecieron definitivamente en Montevideo, en una modesta vivienda situada en la calle Asilo, en el barrio de La Unión, posiblemente por razones de cercanía con la Unidad en que servía Ibarborou. Posteriormente, el matrimonio residió por varios años en una cómoda casa de dos plantas, situada en la calle Comercio, en el mismo barrio, cercana a la playa de El Buceo; por lo cual ha mencionado que escribía en una habitación desde la cual veía por la ventana las aguas del Río de la Plata. Por cierto que Juana de Ibarborou, ya viuda, vivió sus últimos años, solitaria y recluida, en una antigua residencia solariega situada en la Avda. 8 de Octubre frente a la calle Mariano Moreno, en los límites del mismo barrio de La Unión, lindera con el Hospital Central de las Fuerzas Armadas.
Según las crónicas, en su modesta vivienda de la calle Asilo, y pasando estrecheces económicas, compartió las labores hogareñas y el cuidado de su hijo todavía pequeño, con la elaboración artesanal, y venta, de flores artificiales; habilidad que había adquirido en el Colegio, (en época en que tales capacitaciones formaban parte de la enseñanza de las jóvenes). Habiendo comenzado a escribir poemas en su adolescencia, siguió cultivando esa afición; inspirada en lo cotidiano, para transformarlo en poesía.Surgida al ambiente literario con cercana posterioridad a Delmira Agustini, como otra de las escasas representantes de la poesía femenina americana (junto con Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y María Eugenia Vaz Ferreira); la obra inicial de Juana de Ibarborou se destacó inmediatamente por su tonalidad temática visiblemente amatoria; impregnada de una sensualidad erótica que, si actualmente puede considerarse apenas insinuada, en su momento resultaba indudablemente atrevida. Claramente originados en los sentimientos y experiencias de adolescente, sus primeros poemas contienen numerosas alusiones al medio campesino y propio de una pequeña ciudad del interior del país de principios del siglo XX.
Al año siguiente, 1920, publicó su segundo libro, “Cántaro fresco”, en el cual persiste la temática de una sensualidad siempre referida a la vida sencilla, hogareña y solariega, vinculada a la naturaleza en su expresión principalmente vegetal. Le siguió en 1922 “Raíz salvaje”, que es por muchos considerado el que trasunta de una manera más lograda la síntesis poética de su sensibilidad vital, en que los sentimientos del amor humano se fusionan con el sentir de la Naturaleza.
Su siguiente libro, “La rosa de los vientos” (1930), marca una importante evolución doble de su tonalidad poética; que por un lado se aparta de algunos componentes de tipo modernista, tales como la búsqueda de imágenes elaboradas y el empleo de expresiones dirigidas a conferir sonoridad al recitativo, al tiempo que emplea formas de versificación más libres respecto de los moldes tradicionales, de lo que había aplicado en su producción anterior.
Asimismo, su temática se alejó del naturalismo asociado a la sensualidad vital, para orientarse hacia expresiones subjetivas referidas al avanzar de la vida y su transcurso hacia la muerte. Evolución en la cual se ha señalado una correlación entre la vitalidad y el naturalismo juvenil, y la conciencia de las responsabilidades y los destinos, propia de la madurez. Acaso, el empleo de un lenguaje que se evidencia como mucho más elaborado, que se aleja bastante de su sencillez y cotidianeidad inicial, pudo ser consecuencia de haberse visto inserta en la corriente de la fama literaria, y consiguientemente comprometida a asumir sus elaboraciones conceptuales, separándose de la espontaneidad e intimidad de sus orígenes poéticos.
Incorporada rapidamente al “Parnaso”, aceptada por cooptación como miembro pleno en la institucionalidad literaria, Juana de Ibarborou cosechó de manera generosa — por cierto que merecidamente, en su caso — los elogios con que los capitostes de la cultura se disciernen en reciprocidad el estrellato de su género, salvaguardando con ello su propia autoridad intelectual.
El 10 de agosto de 1929, en el Salón de los Pasos Perdidos del recientemente inaugurado Palacio Legislativo de Montevideo, Juana de Ibarborou fue proclamada “Juana de América”; en un acto multitudinario en que tuvieron participación protagónica el escritor mejicano Alfonso Reyes y el poeta uruguayo Juan Zorrilla de San Martín.
Sin embargo, Juana de Ibarborou se encontró en buena medida sorprendida por su notoriedad literaria y su popularidad. “¿Qué hay de grande en mi poesía?” expresó al ser aclamada como Juana de América; dejando a salvo que no había buscado ni alentado ese homenaje. Su propia interpretación acerca de la realidad que a su propia persona le tocó vivir, está expuesta en su poema “Autorromance de Juanita Fernández”, escrito en 1955.
En definitiva, Juana de Ibarborou obtiene la admiración de sus lectores, a partir de un estilo que por encima de los recursos un tanto artificiosos propios del modernismo, expresa su sentir íntimo con la fresca espontaneidad de una muchacha simple, cuyo amor juvenil por la vida y la naturaleza se expone con alegría y con libertad, en un lenguaje que siempre resulta directamente accesible a todos. Los cambios operados en la tonalidad de su poesía a lo largo del tiempo, son reflejo de las mutaciones operadas en su propia vida emotiva, lo que legitima la continuidad de su obra.
Además de su numerosa producción poética, Juana de Ibarborou escribió también obras en prosa; en el extenso período comprendido entre 1930 y 1950, transcurridos entre la publicación de “La rosa de los vientos” y “Perdida”.
“El cántaro fresco”, aparecido en 1920, fue su primer libro de prosa; en el cual presenta cuadros breves en que la autora dialoga con objetos y seres menores de la naturaleza, empleando siempre un lenguaje familiar y de fácil comprensión.
Dos libros publicados en 1934, recogen la veta mística de Juana de Ibarborou, como católica practicante: “Loores de Nuestra Señora” en que expresa su devoción hacia la Virgen María, y “Estampas de la Biblia”.
“Chico Carlo”, aparecido en 1944, contiene evocaciones de sus años y lugares juveniles, en sus ambientes familiares, expresadas en narraciones breves. El mismo sentido evocativo tiene “Juan soldado”, de 1971; donde una narrativa de ambiente campesino le permite recrear personajes y ambientes de su época juvenil.
Había publicado anteriormente algunos poemas en periódicos de la ciudad de Melo (también, en una época en que los diarios publicaban poesía) utilizando como seudónimo el afrancesado de Jeannette d'Ybar. Ahora pudo reunir un grupo de poemas, conformando un breve libro; el cual sometió al juicio crítico de Vicente Salaberry, quien dirigía una página literaria en el diario La Razón, que aparecía en Montevideo. Entusiasmado con lo que consideró de gran valor literario, Salaberry publicó en ese diario una página en que, bajo el titular “La revelación de una extraordinaria poetisa” formuló sus opiniones laudatorias e incluyó varios de los poemas. Ese primer libro se publicó en 1919 — ya identificada como Juana de Ibarborou — por una editorial de Buenos Aires, con el título de marcada tonalidad modernista, de “Las lenguas de diamante”; con un prólogo escrito por el novelista argentino Manuel Gálvez. Ciertamente, para esas fechas, el movimiento literario del modernismo, había perdido buena parte de un predominio que, gracias a la extraordinaria veta poética de Julio Herrera y Reissig y del nicaragüense Rubén Darío había alcanzado todos los ámbitos de la poesía en español, y naturalmente también en nuestro medio literario. Sin embargo, la obra inicial de Juana de Ibarborou, sin duda por influencia de sus lecturas — aunque fueran bastante escasas — incluye el recurso de la referencia a temas, imágenes y expresiones extraídas de los componentes culturales de la antigüedad griega y de otros orígenes europeos; aunque se caracteriza fundamentalmente porque trasunta una actitud vital ajena a la exagerada intelectualización del modernismo, orientada hacia una sensibilidad natural, esencialmente intuitiva. La crítica literaria señala en sus primeras obras, como un elemento característico, a pesar del empleo de esos instrumentos estéticos de origen modernista, un componente fundamentalmente originario en referencias a experiencias emanadas de la realidad de la vida, con fuerte presencia de los factores de carácter cotidiano, intuitivamente recogidos en su lenguaje poético. Lo cual, evidentemente, no ha sido en sus poemas el resultado de una deliberada elaboración intelectualizada proveniente de una ideología literaria; sino la resultante espontánea de la emotividad, de quien ha sido descripta — al menos en esta primera etapa — como “una joven pueblerina, sencilla, de una cultura elemental y una gran hermosura” que expresó su amor sano y limpio con una autenticidad y una independencia creadora, para la cual los rasgos del antecedente modernista no fueron otra cosa que un instrumento accesorio y hasta transitorio. |
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Lo que resulta, en definitiva, como valoración primordial de la poesía de Juana de Ibarborou, es una expresión esencialmente femenina de la sensibilidad vital de una persona enormemente espontánea; que recibe el impulso poético proveniente de esa sensibilidad, y lo transporta a la forma literaria en la búsqueda de un resultado estético, sirviéndose de su correlación con aquellos elementos presentes en su sencilla vida cotidiana. En lo cual, indudablemente, debe situarse el origen de lo que, hasta cierto punto, puede considerarse la “popularidad” de su poesía que, aunque indudablemente promocionada por la corporación de los literatos intelectuales — e incluso por los programas educacionales — tuvo resultado y es merecida, debido a su efectiva captación por los lectores corrientes, en base a la autenticidad de los sentimientos que expresa.
OBRAS LITERARIAS- Las lenguas de diamante (1919)
- Raíz salvaje (1922)
- La rosa de los vientos (1930)
- Perdida (1950)
- Azor (1953)
- Mensaje del escriba (1953)
- Romances del Destino (1955)
- Angor Dei (1967)
- Elegía (1968)
- Obra completa (Acervo del Estado) (1992, cinco volúmenes al cuidado de Jorge Arbeleche)
- Obras escogidas. Selección, prólogo y notas a cargo de Sylvia Puentes de Oyenard. Santiago de Chile, Editorial Andrés Bello, 1999
- Rapsodia de Juana de Ibarbourou. Selección y prólogos de Jorge Arbeleche y Andrés Echevarría. Editorial Rumbo, publicación de AGADU y del Parlamento uruguayo, 2009.
- Pérdida, La Pasajera y otras páginas. Edición, selección y prólogos de Jorge Arbeleche y Andrés Echevarría. Publicación de UTU y del Parlamento uruguayo, 2011.En prosa
- Cántaro fresco (1920)
- Ejemplario (1928, libro de lectura para niños)
- Loores de Nuestra Señora (1934, comentario a los nombres de la Virgen María)
- Estampas de la Biblia (1934)
- Chico Carlo (1944, cuentos autobiográficos sobre su infancia)
- Los sueños de Natacha (1945, teatro infantil sobre temas clásicos)
- Canto Rodado (1958)
- Juan Soldado (1971, colección de dieciocho re
las lenguas de diamante
fragmento: Bajo las alas rosa de este laurel florido,
amémonos. El viejo y eterno lampadario
de la luna ha encendido su fulgor milenario
y este rincón de hierba tiene calor de nido.
amémonos. El viejo y eterno lampadario
de la luna ha encendido su fulgor milenario
y este rincón de hierba tiene calor de nido.
argumento:junto al tronco del dulce laurel hospitalario
y llore al encontrarse sin amor, solitario,
y llore al encontrarse sin amor, solitario,
raiz salvaje
fragmento
Delicia, delicia de la casa en sombra,
De la casa fresca bajo la canícula,
De la mecedora y el libro en la verde
Penumbra del patio techado de parras
Donde runrunean avispas glotonas
Y toda la siesta canta una chicharra.
Y luego, ¡delicia del sueño que afloja
La loca y eterna tensión de mis nervios!
argumento
Penumbra del patio techado de parras
De la casa fresca bajo la canícula,
De la mecedora y el libro en la verde
Penumbra del patio techado de parras
Donde runrunean avispas glotonas
Y toda la siesta canta una chicharra.
Y luego, ¡delicia del sueño que afloja
La loca y eterna tensión de mis nervios!
argumento
Penumbra del patio techado de parras
CRITICAS
La crítica hispanoamericana elogia unánimemente su primer libro Las lenguas de diamante . Utiliza un lenguaje claro y sencillo. Muestra un erotismo sano, alegre, estrechamente unido a una naturaleza idealizada y sensual, el amor pleno cantado libremente a través de la exaltación de la juventud. Es una poesía de elementos reales, cotidianos; aproximación a la realidad, que de alguna manera se desliga de los preceptos estéticos modernistas, aún cuando en algunos pasajes se evidencia su influencia.
Poco tiempo después de la aparición de su primer libro, el nombre de Juana de Ibarbourou se convierte en uno de los de mayor prestigio de la literatura uruguaya.
En el resto del continente, la poesía escrita por mujeres también se hace conocer, por ejemplo Gabriela Mistral en Chile, y en Argentina, Alfonsina Storni.
Por esa época se produce en la literatura latinoamericana un proceso de acercamiento a la realidad, a la cual Juana no es ajena. En ella el paisaje no aparece a través del símbolo sino como un conjunto de elementos fácilmente reconocibles. La naturaleza no es una noción abstracta apartada de la experiencia humano sino estrechamente relacionada con ella. Para ello el lenguaje empleado y los elementos elegidos ofrecen la sencillez propia del estilo de Juana, apartándose así de la influencia del modernismo.
Ama la naturaleza, y en El cántaro fresco resalta su frescura y la ternura que siente hacia las criaturas del campo, todo cobra vida, incluso lo inanimado.
Su lenguaje es más depurado y rico en metáforas en La rosa de los vientos.
Son fuente de poesía para Juana las parábolas de la Biblia, en la que cosechó sus más profundas emociones, y que le ayudan a plasmar su sentir católico en libros como Los Loores de Nuestra Señora y Estampas de la Biblia.
Regresa al tono de frescura y sencillez de sus primeras obras en Chico Carlo, donde en sus cuentos nos muestra su niñez, recreando la vida de cuando era niña, recordando a su madre, a la criada, a sus amigas,...
Su expresión poética es indirecta, austera y misteriosa en su libro .
En su libro Oro y Tormenta trae consigo los temas del amor, la soledad, la melancolía que surgen impregnados de pasión, en forma más calma y sosegada que en su juventud.
La evolución poética de Juana de Ibarbourou, señala una progresiva persistencia en el perfeccionamiento de la forma, en la profundidad del pensamiento y en la sedimentación del proceso emocional.
El 10 de agosto de 1929, en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, recibe el título de “Juana de América” en un acto solemne presidido por Juan Zorrilla de San Martín, y en el que interviene el escritor mejicano Alfonso Reyes.
En su larga trayectoria en el mundo de las letras recibió títulos de universidades, academias, centros culturales, etc. Fue también destinataria de consagraciones oficiales en distintos países.
El Estado en 1945 adquiere los derechos de propiedad literaria de sus libros editados en prosa y verso, y además tres inéditos, devolviéndoselos en 1968.
Ocupa en 1950 la presidencia de la Asociación Uruguaya de Escritores, que se acababa de fundar.
El gobierno de México la nombra en 1951 “Huésped de Honor permanente” de la ciudad, y le otorga la medalla de oro.
La Unión de Mujeres Americanas, residentes en Nueva York, le concede el título de “Mujer de las Américas” de 1953 por su distinguida labor literaria.
Recibe en el año 1959 el “Gran Premio Nacional de Literatura del Uruguay”.
Finalmente, el 15 de julio de 1979 fallece Juana de Ibarbourou.
Después de este breve recorrido por la vida y la obra de la escritora uruguaya, en el siguiente apartado hablaremos de cómo aparece Galicia en
Poco tiempo después de la aparición de su primer libro, el nombre de Juana de Ibarbourou se convierte en uno de los de mayor prestigio de la literatura uruguaya.
En el resto del continente, la poesía escrita por mujeres también se hace conocer, por ejemplo Gabriela Mistral en Chile, y en Argentina, Alfonsina Storni.
Por esa época se produce en la literatura latinoamericana un proceso de acercamiento a la realidad, a la cual Juana no es ajena. En ella el paisaje no aparece a través del símbolo sino como un conjunto de elementos fácilmente reconocibles. La naturaleza no es una noción abstracta apartada de la experiencia humano sino estrechamente relacionada con ella. Para ello el lenguaje empleado y los elementos elegidos ofrecen la sencillez propia del estilo de Juana, apartándose así de la influencia del modernismo.
Ama la naturaleza, y en El cántaro fresco resalta su frescura y la ternura que siente hacia las criaturas del campo, todo cobra vida, incluso lo inanimado.
Su lenguaje es más depurado y rico en metáforas en La rosa de los vientos.
Son fuente de poesía para Juana las parábolas de la Biblia, en la que cosechó sus más profundas emociones, y que le ayudan a plasmar su sentir católico en libros como Los Loores de Nuestra Señora y Estampas de la Biblia.
Regresa al tono de frescura y sencillez de sus primeras obras en Chico Carlo, donde en sus cuentos nos muestra su niñez, recreando la vida de cuando era niña, recordando a su madre, a la criada, a sus amigas,...
Su expresión poética es indirecta, austera y misteriosa en su libro .
En su libro Oro y Tormenta trae consigo los temas del amor, la soledad, la melancolía que surgen impregnados de pasión, en forma más calma y sosegada que en su juventud.
La evolución poética de Juana de Ibarbourou, señala una progresiva persistencia en el perfeccionamiento de la forma, en la profundidad del pensamiento y en la sedimentación del proceso emocional.
El 10 de agosto de 1929, en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, recibe el título de “Juana de América” en un acto solemne presidido por Juan Zorrilla de San Martín, y en el que interviene el escritor mejicano Alfonso Reyes.
En su larga trayectoria en el mundo de las letras recibió títulos de universidades, academias, centros culturales, etc. Fue también destinataria de consagraciones oficiales en distintos países.
El Estado en 1945 adquiere los derechos de propiedad literaria de sus libros editados en prosa y verso, y además tres inéditos, devolviéndoselos en 1968.
Ocupa en 1950 la presidencia de la Asociación Uruguaya de Escritores, que se acababa de fundar.
El gobierno de México la nombra en 1951 “Huésped de Honor permanente” de la ciudad, y le otorga la medalla de oro.
La Unión de Mujeres Americanas, residentes en Nueva York, le concede el título de “Mujer de las Américas” de 1953 por su distinguida labor literaria.
Recibe en el año 1959 el “Gran Premio Nacional de Literatura del Uruguay”.
Finalmente, el 15 de julio de 1979 fallece Juana de Ibarbourou.
Después de este breve recorrido por la vida y la obra de la escritora uruguaya, en el siguiente apartado hablaremos de cómo aparece Galicia en
WEBGRAFIA
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